Marie Delphine LaLaurie, la carnicera de Nueva Orleans.

¡Hola de nuevo guardianes!
Regresamos tras una breve ausencia.
Corría el año 1834 y tras el incendio de una de las mansiones más emblemáticas de la ciudad de Nueva Orleans se hizo un hallazgo monstruoso en el último piso de la mansión.
Esta es la historia de LaLaurie, una de las asesinas más despiadadas de la alta sociedad criolla estadounidense.
¡Comenzamos!
Marie Delphine LaLaurie ( 1780 – 1842 ) nació en Nueva Orleans en una de las familias más importantes de la sociedad criolla blanca.
El 11 de junio de 1800 contrajo matrimonio con su primer marido, Don Ramón de López y Angulo, un Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III. En cuanto a la historia de Delphine durante su matrimonio existen dos versiones de historiadores diferentes. Uno afirma que el matrimonio viajó a España y que incluso Delphine conoció a la reina que quedó impresionada por su belleza, mientras que el otro relata que Don Ramón fue convocado por el rey y que ella dio a luz a su primera hija Borquita mientras que él acabaría muriendo en la Habana, en una de las escalas de su viaje a Madrid.
delphine-lalaurie
En junio de 1808, la viuda Delphine contrajo matrimonio con Jean Blanque, otro anciano que era un importante banquero, comerciante, abogado y legislador.​ De su segundo matrimonio nacerían cuatro hijos más.
Tras la muerte en 1816 de Blanque, Delphine se casó por tercera vez el 25 de junio de 1825, esta vez con el médico Leonard Louis Nicolas Lalaurie, bastante más joven que ella y sobre el que se rumoreaba que ella lo odiaba profundamente habiendo consentido el matrimonio unicamente por interés. Fue en 1831 cuando Delphine adquirió la propiedad de Royal Street 1140, para 1832 había construido una mansión de tres pisos allí que incluía una dependencia para esclavos.​ Madame Lalaurie vivió allí con su esposo y dos de sus hijas hasta el incendio que se produjo en 1834.
Ilustracion de la Mansion en una postal de 1906
Lalaurie en esos momentos estaba perseguida por los rumores que la convertían en una sádica y maltratadora de esclavos, aunque también tenía quien la defendía respondiendo a aquellas “infamias” con ejemplos de como Lalaurie se preocupaba por sus esclavos y velaba por su bienestar.
En la ciudad se contaba la historia de una pequeña esclava de 12 años, Lia, que había caido del tejado de la mansión, según decían huyendo de la señora que trataba de azotarla por haberle estirado el pelo mientras se lo cepillaba. La niña fue enterrada en el jardín trasero de la mansión. Tras este incidente se abrió una investigación y LaLaurie fue obligada a dejar ir a nueve de sus esclavos, ya que se sospechaba de las malas condiciones en las que estaban. Pero hecha la ley hecha la trampa, a traves de un familiar y transcurridos unos meses, LaLaurie volvió a comprarlos y los hicieron regresar a la mansión de Royal Street.
En realidad nadie hubiera podido imaginar hasta que punto había llegado la depravación de aquella mujer tan respetada en la sociedad criolla, pero pronto todo quedaría al descubierto.
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El 10 de abril de 1834, se inicia un incendio en la cocina de la casa. Cuando llegaron la policía y los bomberos hallaron amarrada al horno por un tobillo a la cocinera, aun con vida. Confesó ser la autora del incendio. Según su confesión, había intentado suicidarse por miedo a que la llevaran arriba, al cuarto del último piso, donde se entraba y jamás se salía.
La gente en la calle, al ver el incendio se dispusieron a ayudar y entraron en la casa para ayudar a evacuar a todo el mundo, pero habían habitaciones cerradas y los LaLaurie se negaban a entregar las llaves de las mismas. Echaron las puertas abajo incluida la habitación del último piso y la visión fue terrible:
“siete esclavos, más o menos mutilados horriblemente… suspendidos por el cuello, con sus extremidades aparentemente estiradas y rajadas de una extremidad a la otra”
Dentro de aquella mansión también hallaron a una mujer negra con un collar de hierro y otra mujer de avanzada edad con una profunda herida en la cabeza, demasiado débil para poder caminar. Los demás esclavos estaban esqueléticos, con señales de haber sido azotados y amarrados en posturas inmovilizadoras. También tenían señales de haber sido usados los collares de hierro con puas que les obligaban a mantener la cabeza erguida.
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Cuando se interrogó al esposo de Madame LaLaurie sobre el estado y las circunstancias de aquellos esclavos, éste contestó en tono soberbio: “algunas personas debían quedarse en su casa en lugar de ir a las casas de otras para dictar leyes y meterse en las vidas de los demás”.
Tras el hallazgo de aquella habitación se inspeccionó toda la casa, incluidos el jardin y el pozo de la propiedad, donde encontraron dos cadáveres, entre los que se encontraba el de un niño.
Al correr la noticia de aquellas torturas y aquel hallazgo macabro, la multitud asaltó la casa, lo que obligó a LaLauri a huir de Nueva Orleans durante los disturbios, tomando un carruaje hasta el puerto y viajando desde allí en goleta hasta Mobile, Alabama y desde allí hasta París, donde murió a la edad de 67 años.
La historia de LaLaurie fue exagerada ya en el siglo XX. En 1945 Jeanne deLavigne, relató su historia y fue mucho más explicito en las descripciones de las torturas aplicadas a los esclavos que allí encontraron. En su libro Historias de Fantasmas en la Antigua Nueva Orleans relata:
“(…) esclavos completamente desnudos, encadenados a la pared, con los ojos arrancados, sus uñas arrancadas de raíz; otros tenían sus articulaciones completamente raspadas e infectadas, agujeros grandes en sus nalgas de donde se había arrancado un pedazo de carne, sus orejas colgando de sus cabezas, sus labios amarrados… intestinos al aire y amarrados alrededor de sus cinturas desnudas. Había agujeros en sus cráneos, en donde un palo había sido utilizado para batir los cerebros”.
La mansión que había quedado destrozada después del asalto y por el incendio,  fue totalmente rehabilitada en 1888 y partir de entonces se reconvirtió en escuela pública, un conservatorio de música, una casa pública, un refugio de delincuentes juveniles, un bar, una tienda de muebles y un edificio de departamentos de lujo.  EN 2009 fue adquirida por el actor Nicolas Cage por medio de una sociedad y luego subastada por 2.5 millones de dólares.
En cuanto a la leyenda que sobrevuela la mansión como “casa encantada” se cuenta que cuando la casa estaba en ruinas, mucha gente afirmaba oir gritos de agonía durante la noche, provenientes de la casa vacía, y también  decían ver las apariciones fantasmales de los esclavos caminando por los balcones y patios de la casa.
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A Delphine la interpretó de manera genial Kathy Bates en la temporada numero 3 de American Horror History, Coven.
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¿Quereis visitar la casa? Actualmente se puede recorrer con un tour de casas encantadas. De momento y para poneros ( y ponerme)  un poco los dientes largos, os dejo el enlace de Google maps a la casa.
Cris Gilabert
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